Type mismatch

Akiko llegó a la esquina acordada con 20 segundos de retraso. Extremadamente puntual, de inmediato levantó la vista para ver si Ricardo, que siempre acostumbraba llegar tarde, estaba cerca. Ricardo la había visto consultar su reloj y se apresuró a recorrer los escasos metros que los separaban. Para cuando ella estaba viendo a su alrededor por segunda vez, él ya estaba a su lado.

– Hola.
– ¡Hola! Se me hizo un poco tarde, ¿qué tal tu día? – dijo ella.
– Bien, bastante tranquilo, – respondió mientras pensaba que su sentido de la puntualidad era muy distinto al de él.

Caminaron juntos rumbo al teatro, en busca de un par de boletos para la ópera que se presentaba el fin de semana. En el camino platicaron de sus últimos viajes y de lo raro que estaba el clima a últimas fechas. Nada importante, en pocas palabras. Después de comprar los boletos, Ricardo invitó a Akiko a ir a un café cercano.

– Creo que nos dieron las bebidas en las tazas equivocadas.
– ¿Eh? -  respondió Akiko sin entender.
– Sí, – prosiguió Ricardo – me dieron el té en esta taza alta y de cristal. Y a ti dieron tu capuchino en una taza más baja.
– Pues… – ella parecía no encontrar las palabras – así se sirve un capuchino, ¿no?
– Es posible, pero nunca me habían servido té en una taza alta y de cristal.
– Ah.

Se hizo un molesto silencio entre los dos. Akiko fue la primera en romperlo.

– ¿Sabes? Mi proyecto va a dejar de ser exclusivamente de programación y ahora voy a empezar a hacer algo de laboratorio también.
– ¿En serio? ¡Qué bien!  ¿Qué te dijo tu asesor?
– Me dijo que como iba bastante adelantada en la simulación, tendría tiempo para hacer más amplio el alcance de mi tesis.
– Excelente.
– ¿Tú cómo vas con tu proyecto?
– Ehh, bien, creo que bien.

Nuevo silencio incómodo. Akiko recordó un poco tarde que el proyecto de Ricardo estaba muy atrasado por problemas externos. Pensó en disculparse, pero la sonrisa y el cambio de tema de él se lo impidieron.

– ¿Te gusta la iluminación navideña que pusieron en el centro?
– ¡Sí! – afirmó ella, feliz de cambiar el tema. – Se ve muy bien y le da un mejor aspecto a la ciudad.
– Esta ciudad no es tan atractiva como otras, pero tiene sus lados buenos. Ultimamente creo que me gusta más. Claro también tiene sus lados malos y…
– Cierto.

Muy tarde recordó Ricardo que Akiko había sido asaltada con violencia en uno de esos lados malos que acababa de mencionar. Ella miró hacia otro lado, tratando de no recordar ese momento tan desagradable. No había más té ni café que salvaran la situación, así que decidieron irse. Caminaron juntos hacia la casa de Akiko, muy cercana al café donde estaban. Al principio caminaron en silencio, sin encontrar qué decir. Sólo por hacer plática, Ricardo regresó al tema del proyecto.

– Dijiste que estabas programando, ¿verdad?
– Sí – respondió ella, la vista fija en el piso.
– ¿En qué lenguaje?
Fortran 90.
– ¿En serio? ¿Y exactamente qué estas haciendo?
– Simulación de crecimiento de materiales microporosos en la mesoescala. Por eso necesito un lenguaje rápido y robusto.
– Ya veo. Seguramente aprovechas que Fortran tiene una importante cantidad de libraries que puedes usar y no hay necesidad de programarlo todo desde la base.
– ¡Así es! – dijo entre risas. ¿Tú que estás utilizando?
MatLab mayormente. Pero para algunas tareas sencillas, usar MatLab es como usar una escopeta para matar moscas. Para esos detalles, uso Python.
¡Python! ¿De verdad? – dijo mientras lo volteaba a ver. – Me gusta Python, pero es un lenguaje interpretado, ¿no?
– Así es.
– Yo necesito un compilador. Con un intérprete mis simulaciones tardarían años. Y no me gusta C++, – expresó mientras arugaba la nariz y negaba vehemente.
– ¡Claro! ¿Quién soporta todas esas llaves abiertas y cerradas y regadas por todo el código? – preguntó, mientras movía las manos dibujando los signos en el aire
– ¡Sí, exactamente! – se carcajeó, celebrando la ocurrencia.

Finalmente llegaron a su casa.

– ¿Te veo entonces el viernes, para la ópera?
– Sí.  Aquí estaré a las 6:45.
– Te espero.

Akiko se estiró para darle un beso de despedida.

– Aquí te espero.

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