Suavemente

 (Una disculpa a mis queridas amigas que honran este blog con sus visitas y comentarios, pues esta entrada es particularmente machista. Sin embargo, juro que lo que expongo a continuación son planes y conversaciones comunes cuando uno anda de paseo buscando chamacas. Si su esposo, novio o detallovsky lo niega es casi seguro que está mintiendo.)

Hace unos 4 ó 5 años la banda sanjuanense a la que pertenezco pasó por su etapa interranchonal. Jóvenes profesionistas recién egresados y nerds antisociales de alta categoría, nos hicimos a la idea de que nuestra mejor oportunidad de conocer chamacas era ir a las comunidades aledañas a San Juan del Río. Así nos hicimos asiduos visitantes de las fiestas de lugares tan interesantes como Pedro Escobedo, Ezequiel Montes, Polotitlán y Amealco. Fue precisamente en Amealco donde comenzó nuestra tristemente célebre táctica de Relevos Australianos, también conocida en las borracheras como Hoy por ti, mañana por mí.

Es de todos sabido que una chava guapa no anda sola por las calles de ciudades comunidades pequeñas y conservadoras. Si no va con el novio de turno, irá con una o varias amigas. Entonces, para acercarse a la chica en cuestión, hay que llegar en bola y alguien tiene que sacrificarse pues las amigas, normalmente, no son tan atractivas como la chica objetivo. En particular recuerdo una ocasión en que Chávez y yo vimos una chica muy guapa sentada en las escaleras cerca del templo (Sí, en México siempre hay un templo católico en la plaza central) junto con su amiga chaperona más bien entrada en kilos. Chávez decidió a hablarle a Lupita (creo que así se llamaba) y yo me sacrifiqué. Creo que salieron un par de veces y al final ya no hubo nada. Por cierto, el Chávez nunca me pagó el relevo sacrificándose, ni cuando tuvo oportunidad unos meses después, ahí mismo en Amealco. Adry, cuando leas esto le dices que mínimo me debe unas chelas.

Avance rápido hasta el sábado pasado. Fue el cumpleaños de una amiga y después de hacer una deliciosa cena mexicana de traje (hubo de todo, incluyendo pozole de lata y tinga de la buena) nos fuimos a bailar al Copacabana, el antro latino de esta ciudad. Cuando llegamos, una amiga con la que venía decidió no entrar y se fue temprano. Tontamente no me di cuenta hasta que no la vi adentro y pensé que se había molestado porque yo me había pasado antes. Contrariado por esa situación, tenía mi cara seria (MR) que pongo cuando algo me preocupa. Una chava que venía con nosotros me dijo que parecía guardaespaldas e hizo un par de bromas al respecto. Yo no estaba de humor, así que decidí ignorarla. Para tal efecto, me puse a buscar con quien bailar.

Fue entonces que vi a una inglesa altísima, muy cerca de 1.90 mts de estatura. Dije yo: “Total, separados ya estábamos.” Y le dije a JC (sí, el mismo con el que fuimos a Irlanda) que me acompañara pues, obviamente,  no venía sola. Me decidí entonces a invocar la táctica de relevos australianos y lanzarnos.

– Orale, JC. Yo voy con la güerota y tú te lanzas con alguna amiga.
– Va.

Y ahí fuimos, con nuestro aplomo di’ombres de verdad.

– Hi! Would you like to dance? – dije con mi mejor inglés
– Well, not really…
– Come on! – gritaron sus amigas animándola.

Y llegamos a la pista decididos (al menos yo) a lucirnos en ella. Pero ¡oh, decepción! la del 1.90 decidió que era buena idea ver mis pies mientras bailábamos.

– What are you doing? – pregunté extrañado
– I’m just trying to see how you’re dancing.

Obviamente eso me puso nervioso y perdí el paso más de una vez. No importó mucho, pues la chica no encontró el paso ni por error. Al terminar la segunda canción, me dijo que ya se tenía que ir y la acompañe con sus amigas. Una vez reunidas todas, se fueron del copa.

Regresé a donde estaba el resto de la gente, feliz y realizado por haber bailado con esta muchachona. Y ahí me encontré a JC.

– ¿Qué onda? ¿No bailaste?
– No, me batearon, se siente refeo. – me dijo con una mueca
– Usté’ no se agüité, le invito una chela.

Más adelante, la misma chava de la broma del guardaespaldas me dijo:

– ¿Qué pasó? No has bailado, ¿verdad?

Sin poder contestar porque tenía un medio trago de cerveza, sólo alcancé a señalar a JC.

– ¿Bailaste con él? – dijo entre risas.
– ¡No! – dije casi ahogándome con la San Miguel – JC es testigo de que bailé con una güerota más alta que yo.
– ¿Ah, sí? A ver, ¿en dónde está? – respondió la graciosa
– Ya se fue.
– Sí, seguro. – respondió torciendo la boca.

Después de un rato, decidí que la chela no era suficiente compensación para el JC y además no quería que la de los chistes siguiera fregando.

– Orale, JC. Te lo debo. Busca un par de chavas, las que quieras y no hay problema. Me sacrifico – casi grité con el pecho henchido de orgullo y camaradería.
– ¿Te cae?
– A hue-fuerzas, compadre. Escoge la que quieras y yo me voy con su amiga, no hay pez, esté como esté.

Y ahí fuimos de nuevo. JC hizo un rápido escaneo y seleccionó una pareja de chicas. La que seleccionó JC se veía bastante simpática. La que me tocaba a mí se veía entrada. Entrada en años, kilos y copas. Pero no me eché para atrás y nos lanzamos.

– Would you like to dance? – dijo JC con estilo, mientras yo me apersonaba al lado de la amiga para dejar en claro que yo iba a bailar con ella.
– Actually, I’d need to go to the toilet. But your friend can dance with my friend.

Y ahí me quedé yo, viendo como JC se regresaba a donde estaban los demás e intentando acomodarme a bailar con esta otra chica. Debo admitir que después de un rato empezamos a encontrarnos bien para la bailada y cuando llegamos a Suavemente de Elvis Crespo ya estábamos perfectamente acoplados. Dos pasos al frente, lado a lado, cuarto de vuelta, atrás, ¡giro! Y ahí estaba yo, bailando cual trompo zangaruto con corazón de mezquite, bien acompasado con mi pareja. En la plática salió que era Argentina, casada y con un hijo y que había decidido salir de farra con su amiga para distraerse un rato. Terminó la salsa, empezó la abominación que es el reggaetón y nos despedimos.

Regresé con el grupo de amigos y la del cumpleaños me dijo:

– ¿No has bailado?
– Sí, bailé con una güerota y luego con una argentina. ¿No me viste?
– No, que se me hace que no has bailado.

Su comentario me tranquilizó. En primera, la del cumpleaños me cae mucho mejor que la de los chistes malos. Y, en segunda, ya no debo bailar tan mal pues, de otra forma, hubiera destacado en la pista como el monote de chocolate arrítmico que solía ser en épocas pasadas.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

6 thoughts on “Suavemente

  1. Ah, los relevos. Grandes pachangas se lograron hacer con esas tácticas. Yo siempre terminaba siendo sacrificado, dado que mis habilidades en las artes de Terpsícore no son nulas sino francamente en escala negativa. En cambio, las ocasiones en que las damiselas en cuestión se negaban a bailar utilizaba yo las artes de Talía, aunque algunas veces la malvada de Melpómene arruinaba todo. Pero bueno, Clío es testigo de que se hizo lo que se pudo. Lo cual, sin embargo, no explica el hecho de que siga soltero.

  2. Gracias, querida Grimalkin. Qué bueno que te gustó el remate, a pesar de que te decepcionó un poco el texto 😉 . Besto enorme.

    ¡Martucha! Siempre te estaré agradecido por las clases en el Azúcar. Se impone una ida ahora que ande por allá. Cuídate mucho, te mando un abrazo y un beso.

    Cuando las musas se oponen, mi estimado G, no hay mucho qué hacer. Y seguimos solteros, pero disfrutando la vida, ¿no es así? Saludos.

  3. Así es mi querido Pakito, en aquellas epocas nos dedicábamos a esos menesteres. Solo que no olvides que Yo también le entre a los relevos con aquella pequeña niña. En una de las Ferias de San Juan y muy al contrario del Chavez no me raje y literalmente me toco bailar con la mas fea.jajaja…
    Te mando un fuerte abrazo y que sigas cosechando exitos.

    Atte.
    El Pancho

  4. ¡Panchito! Qué gusto encontrarte por aquí. Es muy cierto lo que dices y me acuerdo bien de esa vez que fuimos a la feria y tú te sacrificaste. ¡Qué recuerdos! Por cierto, la chava con la que yo salí esa vez me acaba de volver a contactar. ¡Un abrazo!

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