Becky

La ves al fondo del vestíbulo, platicando con otros amigos. Te habías imaginado ese encuentro unas quince veces en los últimos días. Sabías que ya había regresado a la ciudad pero esperabas, dudoso, que ella hiciera el siguiente movimiento. Según tus cálculos, y los de todos tus amigos, le correspondía después de haberte dejado plantado en el cine, excusándose con paperas.

“Paperas… paperas…” repites una y otra vez internamente. La descubres viéndote en el reflejo de la ventana. Finges no haberla visto y llegas a la barra, donde tus amigas están sirviendo shepherd’s pie. Pagas y mientras te alejas te preguntas cómo has hecho para acostumbrarte a la comida inglesa. Eliges una mesa alejada donde ya hay otros conocidos. Te das cuenta de que olvidaste los cubiertos y regresas por ellos, justo para encontrártela de frente.

– Hola.
– Becky… ¿Cómo estás? – dudas por un segundo, antes de saludarla de beso. Crees que se dio cuenta de tu duda y lo resiente.
– Bien, gracias ¿y tú?
– No tan mal- respondes usando la respuesta típica británica – ¿Que tal las paperas? ¿Te sentiste muy mal? ¿Fiebre elevada o algo así?
– La primera semana fue muy desagradable, pero después no fue tan malo.
– Que bien…
– …
– Oye, no quiero ser grosero, pero me están esperando en la mesa de allá – dices, señalando con tu nariz.
– Sí, claro, no te preocupes. Disfruta tu comida.

Te alejas pensando si fuiste demasiado grosero. Te olvidas de eso mientras conversas con tus otros amigos y te sorprendes que hayas aprendido a comer sin tortillas. No sabes cómo sentirte al respecto. Durante la sobremesa escuchas una risa detrás de ti. Es ella, departiendo alegremente con sus amigos. Se percata de que la ves y te sonríe. Le devuelves la sonrisa y vuelves a tu propia mesa, donde la plática versa sobre los precios de las teles.

Para cuando decides irte, queda muy poca gente. Ella está ahí, te preguntas si esperándote. Ella te responde al acercarse cuando tomas tu chamarra y tu paraguas. Afuera, la llovizna. Después de todo, esto sigue siendo Gran Bretaña. Caminas junto a ella mientras maldices el clima. Tu conversación con ella comienza a mejorar, mientras la llovizna arrecia. Le sugieres buscar refugio en la caseta donde la gente espera, apiñada, el autobús. Su respuesta te saca de balance por un momento:

– ¿No preferirías ir a tomar algo? Yo te invito.
– Claro, Becky, me encantaría.

Abres el paraguas, demasiado pequeño para los dos.

– ¿Sabes? Necesito conseguir un paraguas más grande. Me he dado cuenta que no alcanza a cubrirme por completo y casi siempre se me moja el brazo izquierdo. ¿Tal vez una carpa de circo?

Ella rie, celebrando tu ocurrencia.

– ¿Sabes qué me gusta de ti? Que eres una persona divertida, pero sabes cuándo ponerte serio.

Mientras la abrazas, le sonríes. El clima británico no parece tan malo, después de todo.

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

7 thoughts on “Becky

  1. “¿Sabes qué me gusta de ti? Que eres una persona divertida, pero sabes cuándo ponerte serio.”

    Humor británico, sin duda alguna. Eso, o de verdad le gustas, compadre.

    Vislumbro cierto brillo de esperanza en tu horizonte… más o menos del tamaño de un fósforo perfecto e igualmente duradera, pero la lucha se le hará. Más te vale que sigas en la lucha, compadre…

  2. Grimalkin, amiga querida, a pesar de estar almacenado como un cuento corto, es más o menos lo que pasó en esa noche de domingo, con muchas palabras menos. Estoy contento, pero con reservas. Esta maldita desconfianza que ha crecido en mí me obliga a ser demasiado reservado en estos casos.

    Jack, compadre y amigo, creo que es una combinación de las dos. Las cosas con Becky van bien y creo que pueden estar mejor. Tal vez se me está quitando un poco lo salado. Sólo tal vez.

  3. jajaja nunca, pero nunca mejor descrito, solo te falto decir que tus ojos se pusieron cual vil borerego antes de ser trasquilado, y que las gotas de lluvia parecían tener musica, pero en fin, suerte!!!!! y adeltante matador!!!!!!!!!!!!!!!! que desde caá te mando mis mejores deseos para que te pele la BKS

  4. Ay, Paco, Paquito, pues parece que sí es amor del bueno. Lo malo es que el amor ya no es lo que era antes. Y a decir verdad, aunque te puedo imaginar quedándote para siempre en Inglaterra, no me imagino a Becky mudándose a México.

    Un beso y un abrazo. Hoy estoy contenta.

  5. Miguel, gracias por el comentario. Ya me di una vuelta por tu blog y me pareció ameno. Luego te paso a visitar de nuevo.

    Lalete, tú bien sabes toda la historia detrás de este cuento. Al menos no me ignoró cuando la volví a ver. Y no, las gotas de lluvia no tenían música, el ruido de fondo lo proveían los autobuses en Oxford Road.

    Cata querida, no sé si sea amor del bueno o del otro. Tampoco sé si el amor es lo que era antes, pero definitivamente sé que no soy el mismo de antes en cuestiones de amor. Maldito cinismo. No creo que ni Becky ni yo dejemos nuestros lugares de origen de manera definitiva. But time alone will tell, como dijo Karen Carpenter. Maldición, es mala seña que esté citando tanto a Karen… Un abrazo y un beso para ti, yo también estoy contento.

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