Espada del augurio

Me quedé pensando en un detalle del comentario anónimo sobre Don Patton. En particular en la frase: Es fácil criticar, lo difícil para ustedes es leer un artículo completo.
Y aquí cabe hacer un giro a la frase para contestarla: “Es fácil aventurar conjeturas y especulaciones sobre una persona a la que no conoces, lo difícil es admitir que no se tienen los elementos para hacer un juicio de valor”.

Y se preguntarán ustedes, ¿por qué le sigo dando tanta cuerda a este comentario? ¿Acaso me hizo enojar? No, la verdad es que me sirve de excelente puente para comentar sobre los juicios a priori, un pasatiempo internacional que nunca pasa de moda. Nos encanta hacer juicios sobre la gente apenas la conocemos: “Mira como camina, de seguro es puto.”; “¿Ya viste el coche que trae? Ese güey no se lo pudo haber comprado solo, a huevo que le ayudaron sus jefes” (Con un saludo al máster).

Volvamos al comentario, para mí no es fácil criticar. Nunca lo ha sido, a pesar de lo que digan mis amigos. Bueno, a mis amigos sí los critico, pero es carrilla sana. Sin embargo, me cuesta mucho escribir sobre un tema que creo que puede molestar a alguien. La verdad es que así soy, me pongo a pensar sobre si alguno de mis amigos se sentirá aludido, como le pasó al mono que quería ser un escritor satírico. (Si no han leído ese cuento, LEANLO, por el monstruo volador de espagueti.) Hizo que el gran Isaac Asimov dijera: Después de leer “El mono que quería ser escritor satírico”, jamás volveré a ser el mismo.

Pero ya me volví a salir del tema. El punto es que los juicios a priori pueden llegar a ser bastante molestos. ¿Por qué a la gente le encanta formarse una opinión sin conocer a la persona o juzgarla por un simple texto? Hace unas semanas una situación así llevó a Lola Cárdenas a pelearse duramente con una crítica. La discusión puede verse aquí. Lola se molestó muchísimo porque su interlocutora le dijo: “lo que quisiste decir fue…”. Y ahí está el detalle. ¿Cómo va a saber la otra persona lo que yo quise decir en ese texto en particular? ¿Cómo puedes afirmar que mi texto llevaba un sentido distinto al que yo le di? ¿Cómo puedes decir que no leí completo el artículo sobre el creacionismo, a partir de una entrada de mi blog?

Ese es el gran problema, que lo sencillo es juzgar a priori y emitir nuestra opinión sin tener los suficientes elementos para respaldarla. Me voy a atrever a hacer caravana con sombrero ajeno, porque el siguiente texto extraído de Desvanecidos Difuntos de Paco Ignacio Taibo II es excelente para cerrar este post tan extraño y criticón. Resulta que un maestro encarcelado le explica a Héctor Belascoarán Shayne cómo incluso Sherlock Holmes puede equivocarse al “leer” una persona.

El caso es el siguiente: al entrar un hombre a su despacho, el detective Holmes adivina que es periodista, está casado con una pelirroja, dejó de fumar recientemente, es zurdo, católico, regresó de la guerra anglobóer, usa el reloj de su padre muerto y acaba de comer cerezas. Sherlock Holmes ha llegado a esta conclusión al ver los cabellos rojos que lleva el hombre sobre su saco perfectamente remendado, el reloj que no encaja bien en el chaleco y lleva en el bolsillo izquierdo, la tinta en la mano izquierda que sería con la que escribe, el hecho de que lleve tres periódicos, las manchas desteñidas en los dedos de su mano izquierda, la ansiedad de ex-fumador, la cruz que lleva en el pecho, el bronceado y la cojera que evidenciarían la llegada de la guerra y los huesos de cerezas en el pantalón.

Un poco impresionado (dado que sus habilidades detectivescas son más bien limitadas), Héctor le pregunta al maestro dónde está el error de Holmes. La respuesta es por demás esclarecedora:

–No, pues que al pobre tipo al que le adivinaron la vida, podrían habérsela adivinado mal, y todo es truco literario: podría no estar casado con una pelirroja sino ser puto y el pelo de la melena roja pertenecer a su amante que es pintor, y las manchas son de trementina o amarillo de zinc o no sé qué pedo, y no ser periodista sino apostador en las carreras de galgos y el que se murió no fue su papá sino su padrote, y el que le cose los puños es el pintor que se le da muy bien la pinche costura, y no comió cerezas sino pinches ciruelas, y quién chingaos sabe cómo fue a dar un hueso de cereza a la valenciana de su pantalón, y no es católico, sino ateo pero le tiene miedo a los vampiros por eso trae la pinche crucecita y, de pinche soldado, nada, y menos que acaba de llegar de la guerra boer, que la mera verdad es que está tostado por el sol del lado izquierdo de la cara porque se sienta del mismo lado siempre en los galgódromos y la cojera obedece a que se rompió la pata estando bien pedo…

Amén.¡Ramén!

Darth Tradd
Grosvenor Street
Manchester, UK

8 thoughts on “Espada del augurio

  1. ¡Alabado sea el Monstruo Volador de Espagueti! ¡Augusto Monterroso cabalga de nuevo!

    Y de verdad que el análisis que le hicieron a Belascoarán puede ser bastante adecuado… incluso para la época victoriana.

    RAmén

  2. Jajajajaja excelente la explicación del final.

    He pensado que también está bien cabrón cuando se trata de hacer una interpretación de textos literarios (igual a priori para después ya investigar y documentarse) todo mundo interpreta como diez mil cosas que “asegún” el autor quiso decir… puta madre, seguramente ni en cuenta… pero bueno.

    Que el MEV esté con nosotros…

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